Antes de continuar, por favor lea nuestra política de privacidad y avisos legales y continúe solo si está de acuerdo.


Un tratamiento pertubador

La gota de sangre, de Emilia Pardo Bazán, es, según todos los especialistas, el primer relato policial moderno de la literatura española. Doña Emilia, siempre atenta a las innovaciones culturales de su época, no podía dejar de interesarse por el explosivo fenómeno de Sherlock Holmes, quien a la sazón gozaba ya de fama internacional. Sucede que a ella no le gusta Holmes, y por tanto construye su relato a la contra. En su intento de darle la vuelta a las convenciones establecidas por Conan Doyle, la Pardo Bazán lanza a su detective, de forma sorprendentemente innovadora, por caminos entonces inexplorados y que a la larga se concretarán y popularizarán en esa variación de lo policiaco que es lo Noir. Para quien no sea aficionado al género: la historia policial clásica se plantea como un problema, o casi como un juego, que debe resolverse a base de deducciones sucesivas, y donde la identidad del criminal permanece escondida hasta el final del relato; la novela negra, en cambio, se preocupa poco de esconder la identidad del culpable y mucho de explorar la atmósfera emocional del relato, su contexto social y el perfil psicológico de los personajes. Lo impresionante de La gota de sangre es que predice todas estas claves décadas antes de que se pusieran de moda.

Selva, el detective de esta historia, no es un profesional como Holmes, sino tan sólo un señorito apático al borde de la depresión a quien su médico receta "un tratamiento perturbador": salir a la calle y reencontrarse con la emoción. El encuentro con el crimen supone para él una inyección de adrenalina, una manera de escapar del aburrimiento vital en el que se ha instalado. Su investigación transcurre más por los caminos del instinto que por los de la lógica deductiva. El relato entero tiene algo de pesadilla, como presagiando los cuentos, muy posteriores, de William Irish o las películas que Fritz Lang hizo en EEUU: calles vacías y oscuras, sueños premonitorios, un héroe inocente sospechoso de un crimen que no ha cometido y obligado a investigarlo por sí mismo. Al mismo tiempo el humor permea toda la aventura, como si la autora quisiera recordarnos que nada de cuanto sucede debe tomarse demasiado en serio: estamos cerca de Chesterton, pero también de Jardiel. La protagonista femenina, que tiene un nombre como de personaje de María Félix (¡Chulita Ferna!) es una auténtica femme-fatale. Y si bien esto hoy puede atraer las iras de los inquisidores de la "cultura de la cancelación", lo cierto es que el rasgo es muy audaz por parte de doña Emilia: en aquella época los personajes femeninos de estos relatos tendían a ser más bien pasivos, damiselas en peligro a las que rescatar. (Dicho lo cual, se pregunta uno si la Pardo Bazán conocía el relato en el que Holmes se enfrenta a Irene Adler, que también puede incluirse como pionera en el canon de las mujeres fatales.)

El material, en suma, es extraordinariamente atractivo, y hemos pensado que resultaba ideal para rendirle homenaje a esa mujer asombrosa que fue Emilia Pardo Bazán. Porque el texto, siendo poco conocido, se ha librado de esa mirada perezosa que a veces se impone cuando tenemos que enfrentar las obras célebres de los escritores, mil veces analizadas y desmenuzadas. Y sin embargo se encuentran aquí todas las virtudes de esta grandísima autora: su originalidad y su inteligencia; su admirable modernidad literaria e ideológica; el gusto por lo sensual y la capacidad de análisis minucioso de la realidad, al mismo tiempo compasivo y crítico. Es muy conocida aquella observación de Stanislavski según la cual no hay personajes pequeños cuando el actor es grande. Lo mismo puede decirse de los buenos escritores. Estamos ante una joya que parece pequeña pero es, en realidad, enorme, y esperamos estar a su altura con nuestra versión teatral.

 

Ignacio García May

We use cookies

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.