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Emilia Pardo Bazán, un espíritu viajero por Europa

En España la afición a viajar, sin objeto determinado, por el viaje solo, no se ha difundido todavía. Causa cierto asombro que yo la profese. Quizás no se explican que, por ver un edificio viejo, menos aún, el lugar donde ocurrió un hecho memorable, donde surgió un recuerdo o se escribió una página de historia, ande nadie rodando por trenes y fondas y estaciones, gastando tiempo y dinero, y privado de esas “comodidades de su casa” sin las cuales mucha gente no comprende la vida (Por la Europa católica, 1902)

De la enorme producción literaria de Emilia Pardo Bazán quizás su narrativa de viajes, que ella cultivó durante tantos años y de forma apasionada, es la menos conocida. Es preciso recordar que sus libros de viajes, por el valor estilístico y temático, así como la incalculable información que nos proporcionan, tienen un papel importante para reconstruir su personalidad de mujer y de escritora.

Pardo Bazán leyó mucho y viajó mucho. Era absolutamente consciente del conocimiento. “No hay como lo que entra por los ojos” dejó escrito en una de sus obras.

En la celebración del Centenario de su fallecimiento tenemos una magnífica oportunidad de adentrarnos en su universo viajero y periodístico. Y descubrir sus dotes de observación, así como su enorme capacidad de trabajo, narrando lo que ve y oye en los trenes, los hoteles, los paisajes y las ciudades europeas; las obras de arte, la vida callejera, la gastronomía, la moda, el folklore, las exposiciones universales y los espectáculos. Conoció y nos dejó comentarios memorables sobre importantes personajes de la cultura, de la política o de la vida social europea de la talla de Emile Zola, Víctor Hugo, los hermanos Goncourt, Eça de Queiroz, Leopardi o D’Annunzio, el Papa León XIII, el Sha de Persia o la gran actriz Sara Bernhardt. Sus ideas feministas, sus viajes a los congresos internacionales donde se está decidiendo el futuro de las mujeres. De todo opina nuestra escritora más importante, todo le interesa, nada le es ajeno, desde los avances científicos a las últimas corrientes literarias, sin olvidarnos del teatro que se está haciendo en Europa.

Hablar hoy de la necesidad de viajar parece un acto de provocación.

La exposición Emilia Pardo Bazán, un espíritu viajero por Europa es una aventura llena de fascinación, conocimiento y aprendizaje:

Adaptaos a la tierra que pisáis; entrad en ella hasta el cuello, despojándoos de la piel del hombre viejo civilizado, naciendo tantas veces como regiones distintas hayáis de visitar”.

Sostiene doña Emilia que el verdadero viaje “ahonda en la cultura, despliega sus efectos benéficos solo para aquel viajero que es consciente de los hechos, de los lugares, de los personajes que toca en su itinerario”.

Pardo Bazán, con toda su experiencia viajera a cuestas nos hace una recomendación para nada desdeñable: “la cultura manda viajar sin aparente necesidad una vez al año, y más si hay estancamiento y tendencia regresiva –manía de andar hacia atrás que no falta entre nosotros”.

1.-Apuntes de un viaje. De España a Ginebra, de 1873

El uno de enero de 1873, Emilia Pardo Bazán, acompañada de su esposo, de sus padres y de uno de sus tíos emprende desde Galicia un largo viaje con destino a Ginebra que la llevará a lo largo de cinco meses por ciudades francesas (Biarritz, Bayona, Burdeos, Paris), ciudades italianas (Turín, Milán, Venecia, Verona, Trieste) además de la mencionada capital suiza y que se prolongará con la visita a la Exposición Universal de Viena, inaugurada el 1 de mayo de 1873. Emilia Pardo Bazán tenía poco más de 21 años.

“Sobre las mesas de las fondas, sobre mis rodillas en el tren, con plumas comidas de orín y lápices despuntados, tracé mis primeras páginas en prosa: el indispensable Diario de un viaje, que no se me ocurrió publicar ni lo merece”.

Efectivamente el texto no se publicó en vida de la autora y permaneció en la Academia Galega hasta su publicación en 2014. Y sí, merecía la pena que viera la luz su primer libro de viajes. Allí ya estaba Pardo Bazán con su rigor y su prosa ágil y segura. Y a pie de calle, en caliente, nos deja su opinión sobre lo visto. De su primera experiencia viajera merece la pena destacar sus impresiones de París a quien dedicará tres meses para “·estudiarlo a fondo” La joven Emilia no se anda con chiquitas. Solo así podrá saber quien tiene razón: los que opinan que es el “cerebro del mundo” o la “moderna Babilonia” bautizada por los otros. Aquí descubrimos el método de trabajo de la escritora: tiempo de observación y de análisis. Y su teoría es aplicable a la historia y al arte, a las personas de todo tipo, condición y sexo, a las manifestaciones culturales, los museos, la moda el comercio los grandes almacenes, las fiestas los salones aristocráticos y mucha calle y mucho teatro, sin olvidarse de los oficios religiosos. Todo le interesa, de todo se alimenta el conocimiento. Nada se improvisa, nada se mira a vuelapluma. Su aventura periodística y viajera ha comenzado.

2.-Mi romería de 1888

Pardo Bazán se ha convertido en corresponsal extrajera de El Imparcial. Este libro se inicia con el viaje en tren de Madrid a Roma hecho por la escritora junto con un nutrido grupo de peregrinos con ocasión del jubileo sacerdotal del Papa León XIII.

De Roma a Venecia con José Ortega Munilla, padre de Ortega y Gasset, y director del suplemento literario de El Imparcial, para visitar a don Carlos de Borbón que permanece allí exiliado.

Discrepancias políticas entre el periódico y la periodista dan al traste con su colaboración. De los dieciocho textos, además de la “Advertencia a quien leyera este texto” que forman el libro, tan solo quince vieron la luz. El viaje a Italia nos descubre la enorme cultura de Emilia y su dominio de cuatro idiomas, (francés, inglés, alemán y puede que también latín,) sus grandes dotes para la observación, su sagacidad para el análisis, su sentido del humor y su inagotable energía. Es una mujer y una escritora segura, impulsiva, capaz de enfrentarse a situaciones muy complicadas y salir victoriosa. Sus escritos nacen en plena calentura, sin macerar. Este será su sello de distinción y el que hiciera de la mujer y de la escritora alguien fuera de lo común.

3.-Al pie de la torre Eiffel de 1889

Este libro se compone de diecinueve cartas escritas por Emilia de la Exposición Universal de Paris, celebrada en 1889, con ocasión del centenario de la toma de la Bastilla Acreditada como periodista, Pardo Bazán, acompañada de sus hijos Jaime y Blanca, de trece y diez años. Recorre todos los pabellones y las manifestaciones de la Exposición. Trabaja para El Correo Español de Buenos Aires y les envía periódicamente las crónicas. El conocimiento que tiene de Paris por los muchos viajes que ha realizado y de su vida cultural y política le sirve a la escritora como preparación a sus lectores antes de entrar en la exposición. A todo ello debemos añadir su profundo conocimiento no solo de las literaturas europeas, incluso de las orientales. Sin olvidarnos de sus agudas observaciones sobre los preparativos del evento. Resaltar sus descripciones de la “tertulia melancólica” de Edmond Goncourt, las reflexiones sobre la mujer en Rusia, todo aderezado con consejos para que los viajeros puedan degustar una cena ideal en Nuremberg o disfrutar de los versos de Leopardi, Víctor Hugo o Musset. Su lema es escribir “deleitando e interesando” y su destinatario el lector americano. Pardo Bazán se mueve como pez en el agua y hace de estos viajes un encuentro que podíamos llamar “intercultural “antes de haber visitado los países nos formamos mil ideas erróneas acerca de ellos (…) que luego desmiente la experiencia” escribirá nuestra autora. Algún crítico ha llegado a decir que Pardo Bazán es la mejor embajadora de Europa en España, yo añadiría que también en América. Y para que nadie se encuentre excluido, o ajeno a tan importante cita mundial y entendiendo que el viaje también tiene fines pedagógicos para los niños, escribe una crónica entera que llamará “Gente menuda” y contará alguna de las experiencias que han tenido sus hijos por ejemplo en el Museo Grevin de figuras de cera. Todo obedece a una planificación muy estudiada y cuyo objetivo es hablarles como madre a sus lectores en Hispanoamérica.  Cuando el viaje llega a su fin, la incansable viajera podrá decir que su escritura ha servido para “enseñar y distraer” y “ensanchar los horizontes del espíritu”.

4.- Por Francia y por Alemania, de 1890

Otras diecinueve cartas más el Epílogo. Es la continuación del libro anterior sobre la Exposición de Paris y las impresiones de un rápido viaje por Suiza, Alemania y Austria (a través de Zurich, Munich, Nuremberg o Karlsbad) Aunque publicados en ediciones separadas, ambos libros deben considerarse como una unidad.

5.-Cuarenta días en la Exposición, de 1901

Han pasado once años y Emilia Pardo Bazán repite la experiencia de corresponsal en Paris, visitando la exposición de fin de siglo y escribiendo sus crónicas para El Imparcial. Prácticamente escribió una crónica al día, concretamente son treinta y nueve. Los lectores de hoy tenemos el privilegio de cotejar a través de sus escritos las dos exposiciones y comparar ambos acontecimientos.

Si la exposición de 1889 fue protagonizada por la ingeniería, en esta prevalece la arquitectura, junto con otras manifestaciones artísticas, como la pintura, y la escultura. Emilia está feliz y dirá que Paris es la “meca de la vida artística del mundo”.

También hablará sobre la novedad de esta exposición, la aparición del Art nouveau, el “estilo moderno” que impregnará hasta la moda y las joyas. La escritora dirá que “la moda no es algo arbitrario. Por eso merece considerarse como importante manifestación social y artística”

Entre los muchos temas de los que escribe nuestra autora y que se presentan en la exposición destacaremos las novedades tecnológicas. Y se hace inevitable la comparación. Lo que en Paris se presenta como arcaico y museístico, en España está de plena actualidad, sobre todo en el tema de los medios de comunicación.  “aún existen y funcionan en muchos puntos de España esos coches diligencias, aquí se presentados como tipo arcaico (…) Es triste pensar que bastante de lo aquí expuesto en clase de fósil es lo que todavía más comúnmente encontramos en España, lo que sabe Dios cuando pasará a los Museos.

Se celebra el Congreso de la condición y derechos de la mujer y Pardo Bazán con la ironía que la caracteriza se autodefine como “autodelegación”. Las contradicciones políticas afloran y la defensora de los derechos de las mujeres dirá: “Tan largo tiempo se ha legislado y vivido contra las mujeres o haciendo caso omiso de ellas, que esta erupción había de producirse. El siglo XX, que unánimes pareceres consideran llamado a cambiar del todo la condición de la mujer, tiene la palabra” (“Mujeres”).

6.-Por la Europa católica, de 1902.

Pardo Bazán completa en este libro su peregrinaje a través de la acción social de la Iglesia. “su indagación social” sobre Bélgica obedece a que era un país en el que existía la experiencia de gobiernos católicos desde hacía diecisiete años y quiere contrastar esta experiencia con la realidad española. Quizás los temas que hoy más nos interesan son precisamente los relacionados con su poética del viaje, “conocer por vista de ojos” y los beneficios que tendría para la nación la práctica del viaje si se difundiera y no quedase circunscrita a una selecta minoría de “peregrinos de la cultura”. Conviene destacar de nuevo por la importancia que tiene, que Emilia Pardo Bazán fue una europeísta convencida. Y que muchos de los males casi endémicos de aquella España ella buscaba en Europa la solución La España y la Europa de hoy, del siglo XXI necesitan de intelectuales de su talla para volver a recuperar la fe en nosotros y la necesidad de mantenernos unidos. Su grito de integración hoy es más necesario que nunca y los españoles tenemos la obligación moral de que su voz se escuche en todos los rincones de nuestro continente ¡Europeicémonos!

A modo de ejemplo, dejamos algunas opiniones de nuestra autora sobre ciudades, intelectuales, actrices e incluso hasta el Papa de Roma.

Sobre París:

“He prometido hablar algo de la Torre Eiffel, siquiera por pudor de cronista; y ya le ha llegado su turno al colosal mástil de hierro enarbolado por Francia para izar su enseña y hacerla ondear ante las demás naciones, a una altura que no ha flotado todavía bandera alguna, como no sea desde la barquilla de un globo.” “Con la Torre Eiffel, están que no caben en su pellejo los franceses. Todos los demás monumentos les parecen enanos y raquíticos. Pero, en mi entender el hierro no conseguirá nunca la majestad y dignidad de la piedra”.

Sobre Nuremberg:

“Compite con nuestra Ávila en conservarse lo mismo que si no hubiera corrido el tiempo desde la Edad Media. Pero Nuremberg es también un pueblo que tiene vida moderna, industria, burguesía, comercio”.

 

Sobre Emile Zola:

“Es un hombre incompleto intelectualmente hablando…que no ha leído a Aristóteles y a Platón, carece de un elemento de cultura filosófica y en Zola como en todo el mundo una ignorancia es una deficiencia”.

Sobre la actriz Sara Bernhardt:

“Valora su “perseverancia en el trabajo” pero considera que su mayor defecto es su “galantería, su coquetería exacerbada y su desordenado apetito en agradar como mujer”.

Sobre el Papa León XIII:

“Ni carne ni sangre; espíritu no más es este hombre”.

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