Martes 11 Diciembre 2018
Spanish Basque Catalan Dutch English French Galician German Greek Italian Portuguese

 Antes de continuar, por favor lea nuestra política de privacidad y avisos legales y continúe solo si está de acuerdo. Gracias

Protección de datos y avisos legales

- La Critica

El Caballero de Olmedo - La crítica

La crítica ha dicho:

 

UNA ESTÉTICA PROPIA

 

Eduardo vasco tiene una estética propia, puesta de manifiesto en  sus “Shakespeares” y ahora en la obra de Lope. Espectáculos de hora y media en general, esencializando las tramas, espacios casi desnudos, con algunos objetos que permiten las giras, magnífico empleo de la luz y estupenda dirección de actores. Tanto lo que se refiere a la dicción y gestualidad, como en la forma de moverlos en el escenario.”El caballero de Olmedo” respondió estos principios.

 

Para Vasco la obra de Lope es un drama sombrío. Están presentes, el rechazo al extraño, aunque viva a pocos kilómetros, la envidia, la cobardía, la ruindad. La luz oscura, los personajes que salen de las sombras, el canto de la famosa copla surgen de un contexto siniestro, sin la menor complacencia. Unos paneles crean diversos espacios y forman como una prisión que evita la solidaridad y el cumplimiento del amor. El rey dicta al final la sentencia, pero no habrá juicio, solo ejecución.

 

Gran mérito de los actores. Buen nivel general, con una forma de decir el verso que lo hace próximo y claro. Daniel Albaladejo, un don Alonso que, a pesar de los triunfos en el amor y los toros, tiene extraños presentimientos; Querejeta, un criado que adopta varias formas; Charo Amador, excelente Celestina con esa dicción perfecta; las damas Isabel Rodes y Elena Rayos, totalmente convincentes, como el resto. Nueve actores que tienen también un estilo propio. El tan conocido “caballero de Olmedo” supo a nuevo. Grandes aplausos para los intérpretes y los responsables del montaje. Noche trágica entre Medina y Olmedo. El odio visceral existe, desgraciadamente, desde el principio de los tiempos…

 

Fernando Herrero

El Norte de Castilla

(Valladolid)

05/11/2017

Críticas

 

HAN DICHO...

 
 

LA FASCINACIÓN DEL PSICÓPATA

 
 

Ambientada en la Segunda Guerra Mundial este Ricardo III de Eduardo Vasco resulta tan inquietante y actual como Escobar, patrón del mal, la telenovela colombiana sobre el narcotraficante más perseguido de la historia. Amoral como él, solo se guía por una ambición sin límites que le lleva a cometer todo tipo de atrocidades, ya que la vida no es otra cosa que una fantasmagoría urdida por una mente criminal. Para contar esta historia, Vasco ha elegido un escenario vacío solamente ocupado por la pianola (Jorge Bedoya) que ambienta y subraya la acción y una serie de baúles y maletas que serán desplazados por el espacio por los propios actores para configurar las distintas situaciones.

 

Se trata de una de las tragedias shakespearianas más tempranas. Una tragedia que sirve de lucimiento al protagonista: el año pasado Ralph Finnes en el teatro Almeida de Londres, y tantos otros que han pasado por él, sacando a la luz un abanico de facetas, desde el Edmund King hasta Lawrence Olivier pasando por Ian McKellen, quien lo interpretó en la versión cinematográfica de R. Loncraine (1995). En la producción del INAEM y Comunidad de Madrid y Clásicos en Alcalá, Arturo Querejeta lo interpreta magistralmente. Hace un malvado perverso elocuente  y seductor, un político intrigante que se las ingenia para manipular sin descanso, un psicópata que desprecian las mujeres y se burla de los hombres mientras urde un complot en beneficio propio.

 

El elenco ha sido muy bien seleccionado con muchos habituales de la compañía Noviembre Teatro, especializada en obras del de Stratford. Hace un par de años vimos aquí El mercader de Venecia, cuyo protagonista también encarnaba Arturo Querejeta. Esta versión sintetiza lo más importante del drama. Querejeta resuelve situaciones complicadas, tanto la seducción de Ana (Cristina Ardúa), como en la petición de la hija de Isabel (estupenda Isabel Rodes), realizada sobre la escalera del proscenio. Todo el reparto estuvo muy convincente y equilibrado. Charo Amador, como Margarita/duquesa, aunque sin llegar al nivel de locura, pero hábil en modular la voz consiguiendo ciertos matices interesantes.

 

Excelentes interpretaciones también por parte de los dos asesinos (José Luis Massó y José Vicente Ramos), en escenas que descomprimen la acción trágica con su humor. Recuerdan a tantas parejas de asesinos de la historia del cine y del teatro, desde los del Montaplatos, de Harold Pinter a los mismos de Escobar, revelando la banalidad del mal, de la que habla Arendt. Rafael Ortiz destaca con su elaborado Clarence (también Stanley), mientras suplica por su vida en un momento conmovedor.

Una puesta en escena ágil, dinámica, de gran concisión y expresividad, gracias a la pictórica iluminación que entenebrece a los personajes subrayando el gesto y la voz, y haciendo vibrar las palabras del bardo (excelente adaptación de Yolanda Pallín) con una potencia desgarradora. Lorenzo Caprile firma un vestuario sobrio y elegante. El motete “el mundo tiene la cabeza en los pies”, cantado a capella por todo el elenco, subraya el carácter coral de la puesta en escena.

 

Irma Garín

CARTELERA TURIA

(Valencia)

29/03/2017

 
 
 
   MI REINO POR ARTURO QUEREJETA  
 

Las adaptaciones Shakespearianas de Yolanda Pallín y la compañía Noviembre Teatro con dirección de Eduardo Vasco son atractivas siempre, como ya comprobamos en el Principal en Noche de Reyes (2012) y El mercader de Venecia (2015). Por sus textos interesantes, las sobrias escenografías y la solidez de los actores, encabezados por Arturo Querejeta.

 

La última es Ricardo III. Y no es una empresa fácil. Pallín reconstruye la trama del último rey de la casa de York, Final de la teatro logía sobre la historia de Inglaterra de Shakespeare, con una propuesta dinámica, exigente, nada arqueológica, distanciada a lo Brecht, y con toques adecuados a nuestra mentalidad, para reflexionar sobre la ambición extrema de poder. A pesar de inferirle enormes cambios, todos consentido, no pierde el argumento original ni su sentido.

 

El respeto al texto antiguo no es enemigo de la acentuación de los rasgos del personaje o de modificar la estructura con episodios autónomos encadenados hasta el final conocido por el espectador y la famosa frase “mi reino por un caballo” -una muerte del rey bañada de humor cruel- en lugar de acumular en extensos actos como en el original. 

 

El trabajo, dirigido con el estilo y la solvencia habituales de Vasco, suaviza la pureza trágica realzando sus toques desenfadados y su ironía macabra, como en el asesinato de Clarence a manos de dos sicarios bufonescos. El cinismo desmesurado de Ricardo lo aleja mucho de la imagen del malvado tradicional. Hasta resulta simpático con su físico tullido y andar de jorobado, su ingenio, su astucia estratégica, su humor socarrón y su capacidad de seducción por medio de una retórica convincente.

 

La puesta en escena huyes del realismo trágico con eficacia. Los actores forman un coro perfecto ataviado con el vestuario sugerente y simbólico de Lorenzo Caprile (curiosos militares a lo germánico menos en sus cascos). Sorprende el juego en las tablas con maletas y baúles, cubiertos por lienzos blancos en algunos momentos. Su distribución o amontonamiento recrean los distintos espacios originales: palacios, la torre (de Londres), cárceles o el campo de batalla. La iluminación de Miguel Ángel Camacho es hábil con el cromatismo y distribuye focos, sean cenitales o de fondo, para marcar el suceso principal entre grupos de personajes de una misma secuencia.

 

El cinismo canalla de Ricardo III necesitaba un actor asombroso. Arturo Querejeta lo es. Está más brillante que en su anterior papel del judío Shylock en “El mercader de Venecia” y logra una de las interpretaciones más impactantes de la temporada valenciana. No le hace falta ningún elemento para aguantar su andar de jorobado y cojo durante cien minutos.  Sus variaciones de tono apoyan su capacidad para convencer al resto de personajes ya espectador. Su escena con Ana (fenomenal Cristina Adúa) ante el baúl-féretro de su marido asesinado por Ricardo, es un prodigio de dicción de matices sutiles y de entonación de difíciles alteraciones. Es lógico que la seduzca y que ella dude. Y no olvidemos la eficacia orgánica del resto del reparto.

 

Un montaje para recordar. Al público se le grabará el estribillo de la canción que los actores cantan en consonancia con lo percibido: “El mundo está vuelto del revés. Tiene la cabeza donde deben estar los pies”. Véalo, aunque a un enemigo del teatro clásico vivo como Javier Marías no le guste.

 

José Vicente Peiró

LAS PROVINCIAS

(Valencia)

04/03/2017

 
 
 
     
     
     

El caballero de Olmedo

Noviembre vuelve a los clásicos españoles. Nuestro próximo proyecto, a estrenar en noviembre de 2017, será El caballero de Olmedo, de Lope de Vega; una de las obras más bellas de nuestra literatura áurea.

Será el cuarto título del Fénix de los ingenios que lleva a escena nuestra compañía tras No son todos ruiseñores, La fuerza lastimosa y La bella Aurora. Entretanto continuamos en gira con dos espectáculos diferentes: La ruta de don Quijote, de Azorín, y Ricardo III, de William Shakespeare.

Con el primero nos sumamos el año pasado a reivindicar el cuarto centenario de la muerte de Cervantes, recordando la figura del hidalgo manchego a través de la óptica del escritor de Monóvar; con el segundo, hicimos lo propio con el dramaturgo de Stratfford-upon-Avon haciendo temporada en el teatro Español de Madrid. De esta manera continuamos consolidando nuestra actividad, interrumpida durante el paréntesis de siete años motivado por el nombramiento en el año 2004 de nuestro director, Eduardo Vasco, como director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, cargo que ocupó hasta septiembre de 2011. Y es que cada vez que, como compañía, decidimos impulsar la realización de un proyecto ocurre algo similar: repasamos lo hecho hasta el momento, miramos alrededor, tomamos el pulso a nuestra vitalidad y decidimos.

De esta forma, nos gusta trabajar en dos vías bien diferenciadas: una que parte de nuestro repertorio clásico, y otra en torno a la dramaturgia contemporánea. La ruta de Don Quijote, prosigue nuestra línea de representar textos contemporáneos. La compañía ha apostado por los autores más interesantes del panorama Nacional: Yolanda Pallín, de la que estrenamos Hiel, Tierra de nadie, Lista negra y Los motivos de Anselmo Fuentes; Borja Ortiz de Gondra, con Dedos; y el estreno de Algún amor que no mate, de Dulce Chacón, que fue la continuación lógica del trabajo alrededor de nuestra dramaturgia nacional más inmediata. Hedda Gabler, de Ibsen; Camino de Wolokolamsk, de Heiner Müller; y Final de Partida, de Samuel Beckett han sido las apuestas por el repertorio contemporáneo internacional.

En relación al repertorio clásico, hemos decidido volver con Lope tras unos años en los que encadenamos varias producciones shakespeareanas como Noche de reyes, que constituyó la vuelta a la arena teatral de la compañía. La extraordinaria acogida por parte del público y la crítica nos animó a continuar con Otelo, y de la misma manera llegamos, vía veneciana, a montar El mercader de Venecia. Nuestro último trabajo shakesperiano, todavía en cartel, ha sido otra de sus grandes obras: Ricardo III.

Toda esta experiencia constituye una de las líneas de trabajo más estables del teatro español contemporáneo tanto por la solidez del tándem compuesto por Yolanda Pallín y Eduardo Vasco como cabezas creativas de la compañía, como por la labor en la producción de Miguel Ángel Alcántara y el equipo de actores y colaboradores que conforman cada proyecto.

Críticas

 

CRÍTICAS Y RESEÑAS

 
 

ECOS MANCHEGOS

 

Al cumplirse el tercer centenario de la publicación de El Quijote (primera parte), allá por 1905, El Imparcial le encargó a Azorín una serie de crónicas sobre esos "lugares de La Mancha"en donde nació el inmortal caballero y en los que se desarrollan algunas de sus primeras aventuras.

  

En el cuarto centenario de la muerte de Cervantes, Eduardo Vasco, rizando un poco el rizo, ha querido homenajear tanto al genio de Alcalá de Henares como a don José Martínez Ruiz, Azorín, un autor a quien pocos leen hoy a pesar su magnífica prosa, llevando a escena el conjunto de esas crónicas. En La ruta deDon Quijote el autor alicantino, simbiosis perfecta de periodista y de escritor, nos cuenta su viaje por esa Mancha desolada y quijotesca de principios del siglo XX, esbozando hermosos paisajes, físicos y psicológicos, de aldeas y pueblos como Argamasilla, Puerto Lápice, Ruidera o El Toboso, la patria de la sin par Dulcinea.

 

Para tamaña tarea era fundamental la elección del actor y Arturo Querejeta colma con creces las exigencias del personaje. Él solito, con la ayuda de algunas proyecciones de paisajes, lugareños y algunos grabados de El Quijote, cumple con la misión de hacer entendible el rico lenguaje azoriniano, ilustrando los traqueteos del viaje y dando voz a muchos de los parroquianos que poblaban tan vetustos lugares.

 

Bien interpretada, bien dirigida y bastante medida. Sin embargo, lo esencial en la pieza son las descripciones, las narraciones, las disertaciones... Cosas que poco funcionan en los escenarios, esos lugares que, como todos saben, requieren acción, desarrollo, sorpresas... En suma, un texto dramático.

 

Tampoco se intenta universalizar el discurso por lo que la pieza la disfrutan, de manera especial, los amantes de La Mancha.

Rosalia Gómez

Diario de Sevilla

06/04/2017

 
 
 
   MEMORABLE REPRESENTACIÓN DE LA RUTA DE DON QUIJOTE EN EL TEATRO DE ROJAS

Quizá Azorín, quizá Cervantes, quizá don Quijote, sin quizá Arturo Querejeta. Todos en uno, el actor, con toda la mar (producción y dirección) detrás, que ha construido un monólogo espléndido para representar, que no contar, buena parte de las impresiones y estampas manchegas que nos dejó escritas José Martínez Ruiz “Azorín” en su libro de 1905 La ruta de Don Quijote y antes publicadas en el diario El Imparcial.

 

La sociedad y la geografía manchega, el paisaje y el paisanaje se cruzan con la ficción del libro de Cervantes en los textos, que, de forma sencilla y limpia y con un estilo que rechaza lo complejo, Azorín escribe, y en los que refleja lo que ve, lo que piensa y lo que siente. No es este libro de crónicas en sí, sino una reflexión sobre una realidad que aprisiona la esencia de un ideal o de un personaje ideal.

 

La versión que ha realizado Eduardo Vasco para el teatro, en forma de monólogo de un actor que da vida al propio Azorín en su ruta y a los personajes con los que se encuentra en ella, es sintética, precisa y muy respetuosa con uno de los valores que más ensalzan la literatura de Azorín: la variedad y la riqueza de vocabulario y las detalladísimas descripciones. Si el autor de Monóvar había logrado casar para siempre La Mancha con Don Quijote, Vasco da un paso adelante y vivifica en el presente un texto con cien años de vigencia. Azorín y Vasco han sabido superar, sin caer en romanticismos o sentimentalismos rancios ni en optimismos desmesurados, tradicionales visiones de La Mancha como un espacio desolado, triste, seco, árido, inculto y casi fúnebre. Aún así, el respeto a lo verosímil hace que se presente al espectador un retrato fiel de la España rural y provinciana de la época (principios del siglo XX), donde el aislamiento y la incomunicación eran elementos consustanciales a los paisanos y la decrepitud decadente la característica de muchos pueblos.

 

La realidad es la que es y la ficción toma carta de naturaleza en esa realidad de manera indisociable. La ruta que se nos muestra, con palabra de Azorín y la voz de Querejeta, es la de la dignidad que el tópico había arrebatado a los seres con los que el autor se había encontrado en su viaje.

 

Hay que agradecer que se produzcan montajes como este que ha llevado a escena la compañía Noviembre por su valentía para adaptar unas crónicas/impresiones periodísticas de primeros del siglo XX y darles una estructura dramática con el fin de ponerlas al alcance de público de hoy. Eso es hacer cultura y eso es enseñar deleitando.

 

 No sorprende, porque ya estamos acostumbrados al teatro de este director, cómo Eduardo Vasco ha sacado el máximo rendimiento con el mínimo de elementos. También eso quizá sea una parábola de lo que es La Mancha como territorio ente la realidad y la ficción. La dirección del espectáculo es exquisita: el carácter itinerante de la obra es una clave que traslada literalmente el viaje realizado por Azorín a través de los caminos y lugares por los que transita el ingenioso hidalgo, Don Quijote.

Y no asombra, pues fascina, que esta apuesta teatral sea exitosa también en buena parte por el portentoso actor que la da vida, Arturo Querejeta, al que ya va siendo costumbre definir su trabajo con suma de adjetivos superlativos. El actor se transforma en un Azorín muy verosímil y muy creíble y se desdobla sin solución de continuidad en una interminable relación de personajes que sucesivamente aparecen y van dialogando con él. Es muy placentero para el espectador asistir a esa exhibición de recursos interpretativos, voces diferentes y registros tan variados como los que presenta el monologuista.

 

 La puesta en escena parece sencilla porque cuenta con muy reducidos elementos, pero muestra su complejidad para articular el muy efectivo uso del cine y las proyecciones fotográficas de imágenes reales con el fin de contextualizar lugares en los que se desarrolla la acción. La música es un efecto positivo más del que Vasco, músico también él, hace gala, pues como dijo Cervantes, “donde hay música no puede haber cosa mala”.

 

La ruta de Don Quijote, de Azorín/Vasco/Querejeta, es un espectáculo dignísimo, fino, educado y nada mentiroso, que pone de manifiesto la necesidad de profundizar en el conocimiento de la obra cervantina y su mensaje en la sociedad actual. La obra viene a concluir: nada en Cervantes es baladí y debemos atender a todo lo escrito por él, puesto que no da puntada sin hilo.

 

En este año de celebraciones del IV Centenario de la muerte de Cervantes, obras como esta, La ruta de Don Quijote, tan ilustradora a la vez que ilustrativa, tiene todas las razones y argumentos culturales y educativos para girar por los escenarios de Castilla-La Mancha y España.

Antonio Illán

El blog de Antonio Illán

13/11/2016

 
 
 
   

El Cervantes acoge el estreno de 'La Ruta de Don Quijote' 

Una adaptación teatral de las crónicas que Azorín publicó en el diario 'El Imparcial'

TELEMADRID

31/03/2016

 

Ricardo III

 

La obra

 
 

The life and death of King of Richard III es una de las cuatro obras que Silliam Shakespeare escribió sobre la historia de Inglaterra, en la que narra la llegada al poder de la casa Tudor y el declive de la familia York.

Se estima que la obra pertenece al periodo inicial del dramaturgo, y que podría haber sido escrita alrededor de 1591, ya que fue anotada en el registro editorial Stationers company de Londres en 1597, para su publicación.

Se edita en Quarto, formato en el que apareció hasta seis veces antes de ser incorporada a la edición First Folio de 1623, junto al resto de las obras del autor.

 

Entre las ediciones citadas podemos encontrar notables diferencias que podrían deberse a modificaciones de las compañías o de los editores, y que han encendido las habituales polémicas al respecto.

 

La obra ha sido representada por notables intérpretes de todas las nacionalidades desde 1633, y ha sido llevada al cine en varias ocasiones desde que Laurence Olivier interpretase su versión en 1955, aunque recientemente apareció una copia de una película rodada en 1912 y protagonizada por el actor Frederick Warde.

 
     
 
 
 

Resúmen del argumento

 
  Tras una larga guerra civil, Inglaterra disfruta de un inusitado periodo de paz bajo el reinado de Eduardo IV. 

Ricardo, duque de Gloucester, tras relatar la manera en que se ha producido la ascensión al poder de su hermano, revela su envidia y sus ambiciosos deseos.

Él, jorobado y deforme, no se conforma con su estado y planea conseguir el trono a cualquier precio, eliminando todos los impedimentos que pueda encontrar en el camino.

Detiene el cortejo que acompaña el cadáver del difunto Enrique VI, y consigue sosegar a su viuda, Lady Ana Neville, manipulándola y consiguiendo que acceda a comprometerse con él en matrimonio; será el principio de un camino lleno de crueldades.

 

El siguiente paso será asesinar a su propio hermano Jorge, y deslegitimar al rey, consiguiendo alcanzar el trono con el beneplácito de su madre.

 

A partir de ese momento, Ricardo inicia una cadena de asesinatos para afianzar su posición. La aparición de los fantasmas de sus víctimas será el prólogo del desastre que se avecina, augurándole desesperación y muerte.

 

La batalla de Bosworth, en la que pronuncia la famosa frase «mi reino por un caballo», será el escenario de la derrota y muerte del rey  Ricardo III. 

 
 
 
 

 Shakespeare

 
 

 Es el autor dramático más conocido y representado de la historia del teatro.

La oscuridad que envuelve su vida, y más concretamente su vida alrededor del teatro ha motivado que la mayor parte de las cosas que sabemos de él sean suposiciones o conclusiones de los diferentes biógrafos y estudiosos que se han ocupado de la figura del genial autor.

Nacido en Stratford-upon-Avon en 1564, se le supone una formación autodidacta basada en los grandes autores latinos de comedias y tragedias.

 

En 1587 marcha a Londres y comienza a relacionarse con el mundo de la escena hasta llegar a ser actor, director, administrador y copropietario de “El Globo”; el teatro que ahora se considera como modelo del recinto escénico isabelino por excelencia. Consigue conjugar en sus composiciones la herencia dramática latina con el teatro inglés, que está llegando a un notable apogeo por  aquellos años,  mediante una dramaturgia que oscila entre las truculentas tragedias de sangre, los dramas históricos, y comedias de diverso género.

 
  01 shakespeare  
 
 
     

 

 

 

 

We use cookies to improve our website and your experience when using it. Cookies used for the essential operation of this site have already been set. - Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y su experiencia al usarlo. Las cookies utilizadas para el funcionamiento esencial de este sitio ya se han establecido. To find out more about the cookies we use and how to delete them, see our privacy policy.

  I accept cookies from this site.
EU Cookie Directive Module Information